Catálogo descriptivo de Colección de Aves e Insectos legada a Excma. Diputación de Guipúzcoa por el finado D. Ángel de Larrinua

San Sebastián, Imprenta de la Provincia, 1908.
Los autores. El autor último del catálogo es Pedro Sansinanea, aunque su nombre sólo figure en una especie de dedicatoria a la Diputación de Guipúzcoa que abre el libro. Paradógicamente, aun siendo el libro autoría de Sansinanea y la colección de Larrinua, se conoce el primero como Catálogo de Larrinúa y el segundo como colección de Sansinanea, en la que sí tuvo este último, como él mismo nos detalla en sus páginas, parte en la disecación y montaje de muchas piezas.

Sabemos muy poco del autor. El mismo confiesa en la mencionada dedicatoria que recoge el encargo que le realizó su maestro Larrinúa y que por haberse quedado huerfano tempranamente no pudo acudir a la escuela, por lo que todos sus conocimientos se los debe, trasliteramos sus palabras, al noble sport de la caza del que es apasionadísimo, la base más principal para el naturalista-disecador.

Por las indagaciones que hemos realizado, y si no hemos errado de raíz, se trata de Pedro José Sancinanea Lecumberri, nacido en San Sebastían y bautizado en la parroquia de Santa María del Coro en 1865. Sus progenitores fueron Julián Sansinenea y Ramona Lecumberri, cuyo rastro y raíces se pierden en la parroquia de San Vicente dos siglos atrás. Casó con Cándida Beldarrain, como su hermano Hilarión, presidente que fue del Orfeón Donostiarra, lo había hecho con una hermana de ésta. Enviudó muy joven, cuando tenía apenas 30 años, y se casó en segundas nupcias con Isidra Zurupe, con quien tuvo varios hijos, uno de ellos, el músico y militar Julián Sansinenea, cantante tenor y protegido del maestro Sorozabal y destacado militar en los frentes de la última guerra civil, donde llegó al grado de coronel y tuvo directa participación en la creación de las Milicias Vascas Antifranquistas, para morir en el campo de concentración de Albatera, en Alicante.

Ángel Larrinúa, por su parte, fue el artífice de la colección de aves e insectos cuyo catálogo encargo al mencionado señor Sansinanea. La colección -o colecciones- fue tan importante en su tiempo como descuidada en el nuestro, hasta el punto de malograrse en las últimas decádas del pasado siglo como detallaremos más adelante.

Ángel Larrinúa Azcona fue el mayor de tres hermanos de una distinguida familia de Bergara, cuna de la ilustracción vasca cuyo espíritu sin ninguna duda mamó desde su lecho. Su nombre completo es Ángel Francisco Felipe José Félix Benigno Salvador, lo que nos indica algo sobre el status de familiar. No conozco personalmente nada de los Larrinua Bergara, pero baste decir que su abuela materna era de los Mugartegui Mazarredo de Marquina. Sus padres se casaron el 17 de febrero de 1851 y 9 meses y dos días después, el 20 de noviembre, vio la luz el naturalista guipuzcoano.

Estudió derecho canónico y civil en la Universidad Central de Madrid, de 1863 a 1868, carrera muy frecuente entre los naturalistas de su época. Abogado de formación fue igualmente el insigne entómologo Ignacio Bolivar y Urrutia, socio fundador, con 21 años, de la Real Sociedad Española de Historia Natural en 1871. Formó parte Larrinúa, como reza en la necrológica que escribió el propio Bolivar, a la mencionada sociedad desde su fundación, cuando apenas tenía 20 o 21 años, aunque figurara el año 1872 en los listados anuales de socios. Desde el primer momento apareció interesado en coleópteros y fue un entusiasta y callado colaborador de esta sociedad y de otras iniciativas, tanto en este terreno como en cualquier otro de la historia natural, desde la minerología hasta la paleontología.

La afición a la caza, o por lo menos la formación de su colección de pieles de aves vendría años después. En la sesión de la Academia de 3 de junio de 1885, se hizo constar la presencia de los señores Larrinúa y Vila, que acudía de Barcelona. Se dio cuenta de la elaboración por parte del señor Ventura de los Reyes y Prosper de un catálogo de aves de España y Portugal, que recopilaba los datos existentes hasta la fecha y aprovechaba igualmente la colección que recientemente se había formado en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Manifestó entonces Larrinúa que gustosamente cedería al señor Reyes para su estudio los ejemplares de aves que ha tenido ocasion de examinar y posee cazadas en Guipúzcoa y principalmente en el punto de su residencia, para que estos nuevos datos pudieran figurar en el referido catálogo. Creemos que ésta es la primera noticia que tenemos sobre la colección guipuzcoana, que ya estaba para entonces básicamente conformada. A partir de ese momento, que presentó en sociedad su colección de aves, se hizo constar en sus campos de interés de los listados de socios, junto y por delante de la entomología el de la ornitología.

Presidía esa sesión el financiero bilbaíno y también destacado entómologo Serafín de Uhagón. Compartió con él, además de amistad y colaboración, en Maláquidos de España por ejemplo ya al final de su vida, algún cargo de responsabilidad dentro de la Asociación, concretamente el de vicesecretario, siendo entonces Uhagón tesorero de la misma.

Después de sus estudios en Madrid había vuelto Larrinúa a su Bergara natal, como hace constar en el listado de socios de la Española de Historia Natural y en infinidad de observaciones naturalísticas de todo tipo. Para el año 1880 se instaló en la capital guipuzcoana, en la calle Legazpi primero y a no mucho tardar en la Plaza de las Escuelas. Tomó parte activa en la vida social y política de su época, donde paradójicamente fue Administrador Accionista, en representación de la Diputación, de la Junta del Puerto de Pasajes en sus polémicos años de ampliación. Fue también uno de los pioneros, junto con Modesto del Valle, conde de Lersundi, Ramón Luis de Camio, Inocencio Soraluce, Rogelio Gordón y otros entusiastas de la época de la asociación excursionista Euskal Batzarre que se inició en 1890 con una excursión a las cuevas de Landarbaso y se consagró con una de más calado en 1892 a las de Aitzbitarte. Acabó la sociedad pocos años después fusionada con la Easo para dar luz a la de Bellas Artes.

No escribió, que sepamos, nada -salvo una breve nota titulada Hallazgos de restos de hyæna en Aizquirri, en los Anales de la Española de Historia Natural-, pero se entregó a sus colecciones y colaboró activamente con otros naturalistas que sí lo hicieron y estamparón su nombre en sus publicaciones e incluso en el nombre científico de alguna especie como el optóptero Aplebia larrinuae, bautizado en su honor así por Bolivar. Colaboración especialmente reconocida, como hemos indicado arriba, fue la que tuvo con el joven Ventura de los Reyes y Prosper para la confección de su Catálogo de las aves de España, Portugal e Islas Baleares, publicado en 1886. Gracias a este catálogo tenemos valiosa información sobre el origen de muchas piezas de la colección de Larrinúa que envió al ornitólogo extremeño. Imaginamos que le mandaría las pieles desmontadas, aun así esto podría explicar en parte el comienzo del deterioro que sufrió con el tiempo la colección. Aunque algunas piezas como Circaetus gallicus (Irisasi [sic]), Falco subbuteo (Hernani), Astur nisus (Fuenterrabia, Accipiter nisus en Reyes), Scops aldrovandi (Irun), Picus major (Oyarzun), Cuculus canorus (Azpeitia) se citan para otros puntos de la provincia, a partir de la última mencionada, no sabemos si por comodidad de Reyes o del propio Larrinúa, sólo figura San Sebastián como lugar de origen de las piezas, salvo Pterocles arenarius que se cita en Zumaia.

[y antes lo había hecho en los estudios sobre ortópteros de I. Bolivar (1876-78) y de Cazurro Ruiz (1888)].

Falleció joven, en 1901, recien trasladado a la calle San Marcial nº 22 y cuando todavía no había cumplido los 50 años. Coincidió su muerte, con la del botánico gallego Miguel Colmeiro y Penido, cofundador al igual que el mencionado Bolivar, de la Real Sociedad Natural Española de Historia Natural. Digamos de paso, que Colmeiro había nacido en 1819 y no en 1859, como por error informa Wikipedia.