Christine E. Jackson
H. F. & G. Witherby ltd. Worcester and London, 1968
British names of birds es uno más de los diccionarios de nombres de aves de la rica tradicción anglosajona. Es, por otra parte, la opera prima de su prolífica autora, Christine E. Jackson, reconvertida de bibliotecaria en escritora, al que seguirían otros muchos centrados en el mundo de arte ornitológico, de los que merecen ser destacados A Dictionary of Bird Artists of the World (1999), Great Bird Paintings of the World (1993-94), en dos volúmenes y Bird Etchings: The Illustrators and Their Books, 1655-1855 (1989). Es asimismo autora de una obra que no llegó a publicarse y cuyo manuscrito obra en el Natural History Museum de Londrés: A dictionary of bird words: how, when, why and from whom British bird species acquired the English and scientific names, 1983. Podemos considerar a Jackson, por su obra y por la confesión que hace en la dedicatoria del libro, una ornitóloga amateur u observadora de pájaros, o una txorizale o txoriduna, si con eso se recoge, así sea aproximativamente, el sentido del término inglés bird-watcher.
Confiesa la autora en la breve introducción que encabeza el libro, que el punto de partida de la obra es el diccionario de H. Kirke Swann, de 1913. A los nombres recogidos por Swann añade, tras rigurosa selección, otros 1.100 más, recolectados de unos 200 libros tras dos años de trabajo de vaciado, de lo que resulta un corpus de unos 4.000 nombres.
Es un diccionario onomasiológico, cuyo cuerpo lo componen 329 especies de aves ordenadas alfabéticamente según la lista patrón de aves de Inglaterra e Irlanda de 1952. En la entrada de cada ave-concepto, lista la autora los distintos nombres, generalmente regionales, testados para cada uno de ellos. Y, por el contrario, nombres como el polisémico nombre blackcap, al igual que el burubeltz vasco, tiene cabida en cada una de las entradas de las aves que lo portan.
El libro consta de 125 páginas, de las cuales tan sólo 50 conforman el cuerpo o lista central, seguido de un índice que supera en páginas al propio cuerpo del diccionario y que recoge todos los nombres alternativos que completan la nónima, complemento imprescindible en este tipo de diccionarios.
Precediendo a la lista principal, sin embargo, se presentan hasta ocho listas especializadas diferentes, correspondiente cada una a determinada jerga o lenguaje gremial o a otras especificidades semánticas: cetreros, gunners y wildfowlers (sic), pajareros (en el doble sentido de cuidadores y colectores), cuidadores de cisnes, literatura y en especial poesía, inmaduros, colectivos y polisémicos. Si bien las listas son someras, y como las del resto del libro, carentes de rigurosa filiación y detalle, es esta división que nos presenta Jackson novedosa e importante, tan frecuentemente mentada como poco atendida. La especialización explica en parte la abundancia y proliferación de distintas denominaciones, sin obviar las que eran tabués y objetos de lenguajes secretos.
Las entradas del listado, como avanzábamos arriba, carecen de la rigurosidad deseable y le restan mucho valor al libro. La única información que se facilita es la geográfica y además de una manera farragosa, pues no hay la mínima distinción gráfica aparte de la mayúsculas de los nombres propios que haciera más clara la identificación de los distintos nombres. Se añade entre parentesis la especifidad de género (male / female), edad con distinción de los inmaduros (imm.), estacionalidad (winter / summer …), los términos obsoletos (obs.) y más puntualmente el rasgo poético, heráldico, gremial, etc. del dato. Por último se destacan en cursiva los nombres que tienen una extensión geográfica más amplia, lo que marca al tiempo al resto que es la gran mayoría como localismos o términos especializados.
La autora le quiere buscar algún objeto práctico al libro, al mismo tiempo que reconoce que, fruto de la pérdida de la individualidad del habla del hombre de campo, el listado, rica herencia de términos expresivos y pintorescos, puede resultar una colección de términos obsoletos limitados al interés del filólogo.
El libro, publicado en 1968, resultó un puente entre los abundantes diccionarios de nombres de aves clásicos de G. Montagu (1802, 1813), C. Swainson (1885), A. Newton (1896), C. L. Hett (1898, 1903), H. K. Swann (1913), etc. y los más modernos y especializados de F. Grenoak (1979), W. B. Lockwood (1984), por no citar los fundamentales de W. L. McAtee y los más nuevos de E. A. Choate (1985) y J. M. Sayre (1996) de nombres americanos.